Tierra de Cabeza del Buey

Las distintas culturas que pasaron por estas tierras, hasta nuestros días, han conformado un paisaje cultural único, tan rico como variado.

Desde la Real Dehesa de La Serena, en la que se ubica el Santuario, hasta las próximas Sierras de Tiros con sus pinturas rupestres, el Castillo de Almorchón, el poblado ferroviario de Almorchón, o el propio Pantano de la Serena, el segundo más grande de España. Y como no, la noble villa de Cabeza del Buey, de la que es Patrona la Virgen de Belén, con una rica historia desde su fundación, que ha ido conformando su rico patrimonio. El que fuera gerente del Patronato de Turismo de la Diputación de Badajoz, Juan Pedro Plaza Carabantes, publicó un artículo en octubre de 2006, tras la romería, en el diario Hoy de Extremadura. El artículo se titulaba “Una Romería con magia”. Las fiestas de la Virgen de Belén, patrona de la Serena, inundan la localidad de Cabeza del Buey de misticismo y fuerzas sobrenaturales durante el recorrido hasta la iglesia parroquial”. Teniendo como punto de partida la romería, hacia un magnífico repaso por el paisaje cultural que rodea el Cuartel-Santuario de Belén.

Decía Juan Pedro:

Los enclaves mágicos no son lugares sobre los que se pueda pasar sin prestar atención a los signos de su identidad; que, a cada paso, se nos cruzan en nuestro camino.

Están ahí, patentes las menos, disimulados las más de las veces; impresos en la tierra y en la historia de seres humanos, que marcaron la pauta de unos comportamientos; que, luego, desembocarían en situaciones y acontecimientos muy precisos.

En su tierra, y en el subconsciente de sus habitantes, están las claves para comprenderlos; muchas veces demasiados escondidos; esperando que, como lázaros, alguien los levante, asumiendo las viejas verdades que ocultaban.

Adentrándonos en ellos, y con la ayuda imprescindible del lenguaje de los símbolos, el peregrinar será una aventura viajera al fondo de su memoria colectiva; para que no olvidemos, lo peor que nos puede suceder; porque nuestra naturaleza está hecha para recordar.

Cabeza del Buey, al este de nuestra región, fue territorio templario, mágico. Habitado desde la prehistoria, llegaron también celtas e iberos dejándonos muchas y buenas obras de su cultura, como el precioso ‘carrito de Almorchón’ y estelas funerarias, bien expuestas en el Museo Arqueológico de Badajoz.

Una cultura siempre es sustituida por otra, algo que olvidan prepotentes señores del mundo con mucha facilidad. A Cabeza del Buey llegaron los romanos, en busca de descanso. En un lugar mágico, escondido, de ensueño… crearon un magnífico complejo termal, ‘La Nava’; quizás la importante ciudad romana de ‘Turóbriga’, sobre la celta ‘Thorbriga’.

Tras el puerto del mismo nombre, venían a descansar y fortalecerse después del peligroso trabajo en las minas de Almacén; donde ya la silicosis martirizaba cuerpos y espíritus.

En desuso

Caído en desuso, los bellos capiteles corintios y las bien labradas piedras, en una especie de reciclaje de lujo, fueron a parar a la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de Armentera, al convento de las Concepcionistas (construidas por el comendador Martín Rol, gran impulsor de la villa) y, parece ser, al gran bosque mágico de columnas de la cercana Mezquita cordobesa.

Hablando de árabes, hemos de recordar el castillo de Almorchón, subido en altos riscos; que formaba parte del sistema defensivo, y de comunicación, musulmana con Herrera del Duque, Puebla de Alcocer, Benquerencia de la Serena, Magacela…

En el cercano valle, bajando de las alturas del castillo -muy parecido al de Monfragüe, donde los templarios llevaron una imagen de la Virgen sedente-, los misteriosos monjes-soldados, fundaron una granja-cuartel, que pusieron bajo la advocación de la Virgen de Belén, de antigua devoción para ellos; santuario a diez kilómetros de Cabeza del Buey, que conserva un bello patio porticado y las celdas de los monjes; aunque con muchas reformas posteriores.

Los caballeros del Temple, fieles a sus costumbres, poblaban las tierras conquistadas de recintos sagrados, signos esotéricos o de imágenes procedentes de su originario Jerusalén; imágenes de Vírgenes pequeñas y morenas.

«Eres de Belén

la Pastora bella;

eres de esta villa,

Patrona suprema».

Es el estribillo de una larga canción, en una romería que produce descargas eléctricas mágicas entre sus habitantes y en los que allí hemos vivido, sufrido, amado y fecundado hijas (Guadalupe, Blanca, Gloria-Belén), para alegría de la familia.

La Romería de la Virgen de Belén, patrona de ‘La Serena’, se realiza desde 1723; saliendo desde un Santuario en el que se percibe algo especial, muy difícil de explicar; que está ahí antes de la época templaria, porque remotas civilizaciones precristianas ya rendían aquí culto a fuerzas sobrenaturales, que no comprendían, pero que temían y respetaban.

Los romeros acompañan -a pie, a caballo, motorizados- a la milagrosa imagen hasta Cabeza del Buey; atravesando Almorchón, antiguo e importantísimo nudo ferroviario, por caminos y carreteras.

La entrada al pueblo, y el recorrido hasta la iglesia parroquial, es inenarrable, hay que vivirla para entenderla: Floridos arcos de triunfo, fuegos artificiales, rezos, canciones ingenuas, letanías de gloria, tradición rediviva, conmoción colectiva, memoria; lágrimas, sollozos, risas; campanas al aire, todo el mundo en la calle. Todo el mundo.

Sólo un domingo

La Virgen de Belén no puede pasar más de un domingo en la villa; por lo que vuelve a su templario lugar -recién restaurado por la Consejería de Cultura, rescatando toda su belleza-, después de otra apoteósica y conmovedora despedida, y llevada en romería nuevamente.

Mientras, en esa semana, podemos aprovechar para visitar Cabeza del Buey: Bellas y empinadas calles; salpicadas de casonas, blasones, iglesias, ermitas, antiguos Hospitales y Posadas; llenas de personas abiertas, trabajadoras; con el recuerdo de gentes que le dan lustre y esplendor, orgullo de sus habitantes.

Don Diego Muñoz-Torrero y Ramírez Moyano, fue uno de los padres de la primera Constitución española, la liberal, ‘la Pepa’, la de las Cortes de Cádiz de 1812; creada para defenderse de los autoritarios poderes de Napoleón y Fernando VII, al que ayudó a reinar.

Mal bicho, se lo agradeció mandándolo encarcelar dos veces… y ajusticiar en la torre de San Juan de Barra, en Oeiras, muy cerca de Lisboa. Actualmente está enterrado en el ‘Panteón de Hombres Ilustres’, en Madrid; esperando, quizás, el merecido homenaje regional y nacional que, creo sinceramente, se le debería tributar.

Pero Cabeza del Buey no vive anclado en la Historia. La conoce, la recuerda, la guarda en un íntimo rincón… pero la vida sigue; y ha sabido adaptarse a las demandas de los actuales tiempos.

En los sitios mágicos, y éste lo es, conviene entrar en ellos, palpar la vida que palpita en sus calles; aprender a ver, oír, tocar, oler, gustar el lugar; con toda la ausencia de prisas que nos sea posible, porque la vida es para vivirla. No olviden a Cabeza del Buey en su agenda turística; no olviden que habíamos llegado hasta aquí para acompañar a la Virgen de Belén en su Romería. No olviden. en domingo Un territorio templario.